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Entornos amables

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Accesibilidad Cognitiva

 

Categoría: Accesibilidad cognitiva Año: 2018

Proyecto apoyado por la Beca de Investigación 2018 concedida por el Colegio Oficial de Arquitectos de Córdoba

 

 

 

 

 

 

Entornos amables: Accesibilidad cognitiva en el espacio público. Hacia una metodología de análisis urbano.

Desplazarse por el espacio público, percibirlo y comprenderlo, deberían ser acciones cotidianas al alcance de cualquier persona. Lejos han de quedar las ciudades en las que resulta caótico desplazarse, o los parques en los que no se sabe hacia dónde ir para poder disfrutar de sus servicios. Afortunadamente, el urbanismo actual incluye, al menos en su normativa, criterios destinados a cubrir las necesidades de la mayoría de las personas, independientemente de sus capacidades, edad u origen cultural.

Al hablar de accesibilidad se suele pensar únicamente en las barreras físicas que se encuentran en los edificios y el espacio público impidiendo que las personas con movilidad reducida puedan tener igualdad de oportunidades en ellos. Sin embargo, este no es más que un aspecto englobado dentro de un concepto mucho mayor: la accesibilidad universal, que está conformada, a su vez, por la accesibilidad física, la sensorial y la cognitiva.

Se define accesibilidad cognitiva como el conjunto de requisitos que deben existir en el entorno para que la información que nos rodea sea comprendida por todas las personas. La presente investigación se ha centrado en el concepto de accesibilidad cognitiva vinculada al espacio público, entendida como un derecho de las personas a comprender, acceder, transitar, permanecer y salir de un lugar de forma segura, confortable y autónoma.

Atendiendo a las consideraciones establecidas en la Convención sobre derechos de las personas con discapacidad, no todas las personas tienen las mismas capacidades y no todos los espacios son iguales en materia de accesibilidad. No obstante, un espacio pensado siguiendo criterios de diseño que contemplen la accesibilidad cognitiva, beneficia a todas las personas, pero especialmente a aquellas con necesidades de apoyo intelectual, personas mayores, niñas y niños, extranjeros que no dominen el idioma y personas con baja formación.

Sin embargo, el concepto accesibilidad cognitiva aún carece de largo recorrido, y se encuentra en una fase experimental con la que se pretende establecer una base normativa, de recursos, y sistemas de evaluación, que permitan mejorar los espacios existentes y servir como referente para lo que está por venir.

Es fundamental que el diseño del espacio público se afronte desde una óptica abierta a considerar a la mayoría de las personas, y desde una óptica empática, identificándose con quien va a disfrutar del entorno y haciéndolo partícipe de él.

Cualquier elemento del entorno proporciona información que las personas deben poder interpretar para poder tomar decisiones por sí mismas, utilizar de manera autónoma los medios que este pone a su disposición, y disfrutar de los productos y servicios.

 

 

Metodología de análisis urbano

Poder disfrutar del entorno urbano, y de las actividades que se llevan a cabo en él, debería ser un derecho fundamental de todas las personas, al tratarse del espacio en el que se desarrollan las habilidades sociales. Sin embargo, en muchas ciudades aún se está lejos de alcanzar esta meta, por lo que resulta esencial generar metodologías o sistemas que ayuden a hacer patentes estas necesidades, y sirvan como punto de partida para futuras mejoras.

Facilitar los desplazamientos peatonales otorga mayor autonomía a las personas en el uso del espacio público, y fomenta la vitalidad de las calles. Se debe trabajar para generar entornos respetuosos, seguros, saludables, funcionales, comprensibles y estéticos.

La metodología de análisis urbano que se presenta a continuación permite comprobar el estado actual del entorno urbano en cuanto a su grado de accesibilidad cognitiva, a partir del análisis de los aspectos físicos y funcionales del mismo. Su objetivo principal es evaluar si se ha abordado el diseño de los espacios desde una perspectiva inclusiva, desarrollando criterios de accesibilidad cognitiva.

La evaluación propone una metodología de análisis que incorpore a diferentes agentes: técnicos, evaluadores y usuarios; ya que se entiende vital la inclusión en el diseño urbano de las personas que lo habitan, para poder ajustarse a las necesidades de su vida cotidiana, independientemente de sus capacidades, edad, sexo o cultura.

La accesibilidad cognitiva hace referencia a la interacción de la persona con el medio, lo que implica que un entorno puede ser más o menos accesible cognitivamente dependiendo tanto de sus características como de las capacidades y limitaciones de sus usuarios. Debido a ello, poder conocer la opinión de los usuarios es primordial para detectar el grado de accesibilidad del entorno y qué elementos influyen en ello.

El análisis se divide en dos fases:

  • una primera fase de conocimiento del entorno y de las personas que lo disfrutan, a través de una metodología participativa, para lo que se recurre a la realización de entrevistas, visitas/ recorridos y observación;
  • y una segunda de evaluación del espacio urbano mediante el empleo de un formulario que facilite la toma de datos, teniendo en cuenta los principales criterios de diseño de los espacios accesibles y de orientación espacial.

 

Uno de los principales objetivos de esta investigación es poner a los ciudadanos como agentes activos en la configuración de la ciudad, dándole voz para conocer sus necesidades. Proponer mejoras centradas en la accesibilidad carece de sentido si su finalidad no es mejorar la calidad de vida y el espacio público.

Sin embargo, pese a que la investigación busca ser un punto de partida al desarrollo de una metodología de análisis de la accesibilidad cognitiva en el espacio público, no debemos olvidarnos de que cada entorno es único, pudiendo contar con características o elementos que no se hayan reflejado en la ficha de análisis, pero a los que habrá que prestar especial atención.

Entendiendo el diseño universal como el “diseño para todas las personas”, y basándonos en su definición como La actividad por la que se conciben o proyectan desde el origen, y siempre que ello sea posible, entornos, procesos, bienes, productos, servicios, objetos, instrumentos, programas, dispositivos o herramientas, de tal forma que puedan ser utilizados por todas las personas, en la mayor extensión posible, sin necesidad de adaptación ni diseño especializado, se han analizado tanto los sistemas de apoyo, como la espacialidad y características arquitectónicas del entorno.

 

Conclusiones

El objetivo último de las aportaciones reflejadas en la presente investigación es reflexionar sobre cómo el diseño de un entorno sin barreras puede ofrecerle a sus usuarios la autonomía necesaria para desplazarse por el mismo sin la necesidad de apoyo tecnológico o humano, contribuyendo en su inclusión en la sociedad.

Cada entorno debería contar con un diseño basado en la interacción de la persona con el espacio, facilitando una organización espacial comprensible que, complementada con un sistema de apoyos y referencias, resolviera los problemas que originan la falta de autonomía.

Para lograr que un entorno ya existente sea accesible a la mayor diversidad de usuarios, será necesario apoyarse en recursos formales, visuales, táctiles, auditivos y gráficos, de tal forma que, a pesar de las capacidades de cada persona, existan recursos que sean compatibles con la información ofrecida por el entorno.

Aportar información complementaria a la que ofrece el entorno es en muchas ocasiones imprescindible para alcanzar el punto de destino, sin embargo, si esta información se ofrece de manera errónea, recurriendo a múltiples recursos que contribuyan a saturar de información o a través de elementos complejos, la atención disminuye, y por tanto el proceso de orientación podría resultar fallido.

Hay que entender el presente estudio de indicadores como un primer acercamiento al análisis de espacios accesibles, ya que no cuenta con una base científica que corrobore su validez.

Por último, un entorno comprensible debe partir de la observación del proceso cognitivo de las personas durante la toma de decisiones y ejecución de las mismas para la orientación en un determinado espacio. En respuesta, se debe plantear un enfoque integral del diseño de los espacios, considerando sus aspectos arquitectónicos, de comunicación gráfica, señalética, auditiva y táctil, aplicando principios de coherencia y sencillez comunicativa, con objeto de facilitar los desplazamientos y uso autónomo del espacio con independencia de la edad, idioma, habilidades o capacidades cognitivas.

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